(Mientras duermes. Jaume Balagueró. España. 2011. 102 minutos) Antes que nada, una aclaración: Mientras duermes no está basada en la novela homónima de Alberto Marini, sino que es al revés. El libro es la adaptación que el italiano llevó a cabo de su propio guión para la película de Balagueró. Marini no es un desconocido para el director catalán, ni mucho menos, ya que lleva años trabajando en Filmax como guionista, productor y desarrollador de proyectos, siendo uno de los máximos responsables del impulso que la productora de Julio Fernández ha dado al cine fantástico y de terror durante la última década. Su novela surge, en parte, de la frustración que le supuso tener que eliminar subtramas y cambiar escenarios para adaptarse a los requerimientos de la producción fílmica, siempre más limitativos por cuestiones presupuestarias y narrativas. Eso sí, como base para un nuevo trabajo de Jaume Balagueró resulta un argumento perfecto: la historia de un oscuro portero de edificio que es incapaz de ser feliz y que, en venganza, pretende borrar la sonrisa del rostro de una de sus vecinas, resulta el vehículo idóneo para que el director ahonde en algunas de sus obsesiones. Así, la búsqueda del Mal puro como leit-motiv que ya se encontraba en Los sin nombre (1999) se une a ese terror doméstico, de rellanos y escaleras, de habitaciones inseguras, que tan bien plasmó en las dos primeras partes de Rec (2007 / 2009) y en la adrenalínica Para entrar a vivir (2006). Sin embargo, podríamos decir que, pese a lo turbios que resultan algunos de sus conceptos, Mientras duermes es la película más reposada y comedida del director, al mismo tiempo que, posiblemente, la que menos pone su mirada sobre los gustos básicos de su público potencial.
LO MEJOR: Luis Tosar personificando la maldad absoluta. LO PEOR: En algunos momentos le sentaría bien algo más
de visceralidad.
Esto puede suponer un problema si buscan en la cinta un exceso de emociones fuertes, escenas de violencia explícita cada pocos minutos o una progresión del suspense demasiado pronunciada. Mientras duermes no se mueve por ese terreno: juega la mayoría de sus bazas desde los primeros minutos, sin esconder nada al espectador, ni pretender engañarles con la identidad del villano ni con sus motivaciones, jugando al despiste lo justo para mantener constantemente nuestra atención y dosificando bien los puntos álgidos de tensión. En ese sentido, la película de Balagueró resulta mucho más satisfactoria que la modosa e insustancial La víctima perfecta (The resident. Antti Jokinen, 2011), con la que comparte una trama muy similar y de la que hablé en su momento (aquí). Y lo es también porque su punto de vista es radicalmente distinto, puesto que Mientras duermesestá narrada desde la visión del agresor y no de la víctima, forzando al público a identificarse con un desequilibrado y hasta a sufrir cuando es él quien tiene que esconderse para no ser visto por los que, en otro caso, serían los protagonistas. El mayor interés de Mientras duermes está ahí, en la manera en la que Balagueró nos lleva a empatizar con alguien despreciable y a odiar a otros personajes que deberían resultarnos vulnerables y despertar nuestro instinto protector. Incluso lleva este recurso al extremo cuando, sin que casi nos demos cuenta, vemos a una niña como una amenaza para el protagonista (un Luis Tosar impecable), porque es la única que sabe lo que éste hace por las noches. Es como cuando en Psicosis (Psycho. Alfred Hitchcock, 1960) nos inquietaba la posibilidad de que pillaran a Norman Bates, tratándose en realidad de un psicópata que no debería despertar ninguna de nuestras simpatías, pero radicalizando aún más la propuesta al convertir a este individuo en narrador de la historia desde el minuto uno y, además, sin pretender justificar sus acciones con ningún trauma ni enfermedad mental. Mientras duermes es, así, un triunfo para Jaume Balagueró, a la par que, en cierto modo, una demostración de madurez: su búsqueda por generar la incomodidad del público encuentra aquí una respuesta que no tiene nada que ver con sectas, fantasmas ni demonios, sino con un terror más cotidiano, más real y, también, más injustificado. Y ese es el que da miedo de verdad.
Eterno aspirante a comerse el mundo, PJ Tena fue una vez un joven que estudió Comunicación Audiovisual, escribía guiones y relatos y pensaba que tenía talento. Viendo que no le dejaban hacer realidad sus propias ideas empezó a criticar las de los demás, publicando desde hace varios años sus interpretaciones culturales en varios blogs y revistas, periódicos y fanzines de distrubición limitada.
- “Es usted un freak de puta madre.” Rubén Lardín.
- “Le sobra entusiasmo y conocimientos sobre estructuras añejas de producción fílmica y buen ojo para detectar estéticas de lo extraño y lo aberrante. Es uno de los nuestros.” John Tones.
- “Qué humano es usted. No cambie nunca.” Jorge Riera.
- “Una enciclopedia andante de la Serie B. Puede ser una de las mejores publicaciones en español relacionadas con el cine de género que encontréis en la Red.” Jesús Mesas.
- “Me gusta su prosa y su didactismo.” Alvy Singer.
- “A riesgo de que se tome lo mío como vulgar peloteo, le diré que tras descubrir este caspobloj, me he quedado con ganas de más.” Estanli Cuvric.
-“Es usted un santo varón y una persona de bien.” Dr. Zito.
- “Lo mejor de Sitges ’08 fue conocerte.” José Viruete.
-“Precisamente por lo que escribe, por el cómo y su porqué, una vuelve a pasar por aquí a leerle de cuando en cuando; no como a otros cantamañanas que se limitan a la rabieta y el corta y pega del Rotten Tomatoes.” Isabel Falconetti.
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- “Me entraron ganas de darle de hostias a la salida del cine.” Sergio Colmenar.
- “Entra PJ en el cine y.... disfruta, saja, desgrana, divide, suma, deduce, piensa... y al final critica, observando lo que los demás no vemos. GRACIAS, por abrir nuestro campo de visión.” Anónimo.
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